miércoles, febrero 01, 2006

Porque parece que no...

...pero también soy animal político, comparto un texto que acabo de hacer en mi "mundialmente desconocida" columna de negocios para la revista Glup.
(No pregunten, sólo pienen que uno come, viste y compra libros).

Espero que después de leerla sientan como que les han metido una piedrilla en el zapato:

Campañas ¿electorales o publicitarias?

Recuerdo que hace 20 años, al ver las mantas en la calle, mi madre solía rezongar: “¿A quién creen que engañan los políticos con sus mentiras?”.

Este año de carrera hacia la presidencia me disponía a repetir la siempre útil frase de mi progenitora cuando me di cuenta de que los políticos de ahora ni siquiera han hecho un esfuerzo por engañarme. No hay falsas promesas; no existen las urdimbres prefabricadas para ganar el favor del votante. Este 2006 no hay política, sino marketing.

Los tres candidatos a la presidencia se insertan en nuestro horario televisivo como si se tratara de un shampoo o algún nuevo tipo de jamón. Casi podríamos ver a una mujer señalando la foto de Madrazo diciendo “Este huele más bonito”. Hasta ahora nadie ha solicitado a los candidatos que expongan su proyecto de país: en su lugar se cuentan “puntos” de popularidad a partir de declaraciones banales y gestos de personalidad. Que si Madrazo corre todas las mañanas, que si Calderón es chaparrito, que si López Obrador no pronuncia las “eses”.

Los candidatos son productos —no personas que podrían conducir mi destino y el de todo un país— y como tales apuestan a colocar su ‘marca’ en primer lugar de recordación (palabra usada por los mercadólogos para medir la popularidad de un nombre o un slogan).

En esta votación, lo que se juega en la preferencia de las mujeres y de los jóvenes —a quienes, en vista de sus sesudas propuestas, deben tener por retrasados mentales—. En el universo de votantes, poco más del 50% son mujeres, mientras que 43% son menores de 35 años. Para convencernos, los candidatos han recurrido a frases huecas pero pegajosas: “quítale el freno al cambio”, “es tiempo de la esperanza”, “ten confianza, tú eres Fuerza Ciudadana”. ¿Quéee? ¿Y qué pasará una vez que seas elegido como candidato? ¿Seguirá siendo tiempo de la esperanza?

El problema de la carrera presidencial es el mismo que acecha al planeta: no gana la propuesta, ni siquiera la calificación de los hechos pasados (aunque ya se sabe que la masa no tiene memoria), sino el dinero.

Aquel que controle los medios electrónicos será el ganador. Así de simple.

De acuerdo con el columnista Miguel Ángel Granados Chapa, otra situación preocupante radica en la concentración de recursos públicos en manos de particulares. Este año Televisa recibirá aproximadamente 77 millones de dólares por campañas políticas, mientras que TV Azteca captará 34 millones de dólares.

Todos esos millones son pagados con los impuestos de los contribuyentes. En esta gran lavadora de la vida, ahora resulta que nuestra lana se convierte en el auto deportivo de un actor de telenovelas.

Aprovechando el “viaje”, los dueños de los medios están presionando para que se reforme la Ley de Radio y Televisión en el Senado, con lo que obtendrán más beneficios a su ya exagerada hegemonía.

¿Grave? Si. ¿Inevitable? Es posible. El único misterio por resolver —y nuestra única esperanza— es que a la sociedad en su conjunto puede faltarle memoria, pero no ocurre así con los individuos.